Inicio > Energía Solar, Energías Renovables, Fotovoltaica > Cosas de España, destruye dentro lo que fuera ensalzan

Cosas de España, destruye dentro lo que fuera ensalzan

16 septiembre 2011

Hay veces que uno entiende a duras penas el país en el que vive. Esa manía que tenemos de castigar al que hace bien las cosas y tolerar la corrupción, la chapuza y la mediocridad. Ocurre en el ámbito político -por Dios no me pidan ejemplos que es más fácil enumerar las excepciones-, en el económico-fiscal -al final que paguen los de siempre que para eso está la renta y el IVA; ah no, que éste es mejor defraudarlo-, y en el social, donde las referencias que atraen a las masas se perfilan con la sangre de narices desfiguradas y la ira de calvos insultantes. El salto de la excelencia a la excrecencia es mucho más corto de lo que parece, no tiene tantas paradas intermedias. Si se deja crecer sin límite a la segunda, la primera acaba ahogada en el hedor de la frustración y la desesperación.

Me han invitado esta semana a conocer una inversión de 180 millones de euros en plantas fotovoltaicas, ésas que tan cuestionadas están en los últimos meses. Sé que muchos dejarán de leer el post a partir de este punto, abducidos como están por lugares comunes que abundan en la opinión pública: las prácticas fraudulentas han convertido el sector en la Cueva de Alí Babá y los 40 ladrones, dicen; la industria es la culpable de la insostenibilidad de un sistema eléctrico que no puede acumular más déficit, piensan. No daré o quitaré razones; no es ése el debate que les propongo hoy. Saben que mi opinión sobre este tema ha girado alrededor de dos ejes: cuando uno legisla mal, el que se ajusta de buena a fe a dicha legislación no debe pagar en su bolsillo el pato del error administrativo, uno; y dos, las actividades irregulares han de ser cortadas de raíz con sanciones ejemplarizantes de modo tal que al irregular lucro cesante se una la oportuna reparación del daño causado. Hay un problema, hay que solucionarlo, hagámoslo de un modo sensato.

No es lo que está ocurriendo en la solar en los últimos meses. Se ha producido por el contrario una caza de brujas en el que ha primado más que la persecución del delito, en caso de que lo hubiera, la búsqueda de una cabeza de turco ejemplarizante contra la que echar los galgos de la opinión pública. Ven, ya lo decíamos nosotros, parece ser la finalidad última de tal acoso. Las instalaciones de mayor tamaño están de este modo en el punto de mira. Como si alguien pensara que quien invierte o financia un activo de 30.000 millones de las antiguas pesetas va a hacer las cosas a la ligera. Estando allí abruma la concepción jurídica, la ejecución técnica, la apuesta tecnológica, la optimización energética, la supervisión informática, la estructura de protección aplicada a las distintas fases del proceso de generación eléctrica, la integración medioambiental (con los peros achacables al componente físico que acompaña a cualquier renovable) o la seguridad sobre el terreno. Sé que soy fácilmente impresionable pero me quedé con la boca abierta.

No en vano se ha interesado por el modelo concreto de parque que yo visité el Banco Mundial, que quiere estudiarlo como referencia para implantarlo en aquellas naciones en las que, precisamente, la tentación de hacer las cosas mal es consustancial al Estado. Frente a tal reconocimiento internacional, que veremos en qué queda, en España lo que se ha hecho ha sido demonizar a los grandes, bajo la acusación de su impacto en la estabilidad de la red, y censurar la eficiencia productiva estableciendo un cupo que beneficia a los que se limitaron a poner unos paneles en el suelo y rezar que no llueva. Producción versus productividad, la tragedia de España, tutelada administrativamente. Pasará a los Anales del Disparate Económico cómo una regulación volátil, una planificación errónea, una ejecución regionalmente sospechosa y una condena última cercenaron una industria que las características de nuestro territorio convertían en ideal como centro mundial de investigación, fabricación y desarrollo sobre el terreno. Una ocasión perdida más. Eso es lo que de verdad nos debería preocupar.

Fruto de tal incompetencia ha sido, en el caso que nos ocupa, la pérdida del valor dinerario de opciones para desarrollos de similar volumen en otras zonas geográficas, el aumento sustancial de los costes jurídicos en distintas instancias, la pérdida de tiempo en farragosos procesos de refinanciación, la expulsión de capital extranjero en un momento especialmente crítico para España, la destrucción ex ante de un mercado secundario que permitiera dotar de iliquidez a lo que por naturaleza no lo tiene, entre otros. Es lo que tiene delegar la gestión de una nación en quienes nunca soñaron con ser siquiera delegados de su clase en EGB, monos con bombas que legislan ex post, son incapaces de establecer fórmulas intermedias que permitan adecuar la tarifa a la curva de aprendizaje de la industria (más generación, menor coste), no saben qué es eso de escuchar a las partes y se preocupan solo por el voto hoy y no por el porvenir de sus hijos mañana. Así nos va. Viernes de cabreo.

Fuente: Cotizalia

Anuncios